11/2/11

Reunión con estudiantes de turismo de la Universidad de Lugano en el Ateneo de Madrid


Ayer, día 10 de febrero, estuvimos en el incomparable marco del Ateneo de Madrid, reunidos con 35 estudiantes de turismo de la "Universitá della Svizzera italiana de Lugano (Suiza), y sus profesores. Durante una hora y media, Marta Esteban, Alessandro Zara, y yo, en representación de la Plataforma La Tortura no es Cultura, les expusimos diversos aspectos relacionados con la Tauromaquia.

Alesandro les hizo un resumen de la historia a través de los siglos de la llamada "Fiesta Nacional", Marta les expuso la actualidad del movimiento abolicionista en España, les habló de las subvenciones que los taurinos reciben por parte de los distintos organismos oficiales, y de lo que opina la sociedad española de esta actividad a través de diversos datos y encuestas públicas, terminando su intervención con un vídeo en el que se recogían las opiniones de algunos turistas a la salida de una corrida. A mi me tocó explicarles lo que es la lidia para el toro, las diferentes suertes que la forman, y las consecuencias físicas y psíquicas que tiene para el animal, es decir, hablarles del sufrimiento en estado puro.


  Había preparado para la ocasión un power point en el que aparecían algunas fotos de los tres tercios en que se estructura una corrida de toros: de varas, de banderillas, y de muerte. Lo cierto es que mi intervención no duró demasiado; cuando acababa de terminar de exponer el primer tercio de la lidia, el de varas, aquel en que el toro es sometido al castigo de la puya, ese arma cortante y punzante de 8,5 cm, de los que 6 cm corresponden a la cuerda de acero encordada y 2.5 cm a la pirámide formada por tres aristas afiladas cada una de ellas como la hoja de un bisturí, y empezaba a hablarles sobre el tercio de banderillas, la monitora nos pidió que dejara mi exposición. La razón: algunos de los estudiantes empezaban a encontrarse mal, y se estaban planteando abandonar la sala. Citando textualmente lo que comentó: "no están preparados para ver esto". Aún así, todavía tuve el atrevimiento de pasarles algunas fotos de la estocada y sus debastadores efectos en el toro. El descabello y la  puntilla no fue posible explicarlos.

  Ya había avisado previamente de que algunas de las imagenes que iban a ver eran bastantes duras, y cuando nos despedimos de ellos, dejé claro que lo que habían visto era la cruda y cruel realidad, la verdad de ese espectáculo.

  Lo cierto es que tras la frustración por no haber podido acabar el trabajo preparado para la ocasión, tendré que congratularme de que este grupo de personas sensibles no pisarán jamás una plaza de toros, y que en un futuro, cuando vengan a España con turistas de su país, no se les pasará por la imaginación llevarlos a los templos de la tortura.

  Creo que conseguimos cumplir el objetivo, o si se quiere, misión conseguida.

  Éstas son algunas de las fotos que vieron los estudiantes y que les provocaron su reacción.



8/2/11

Lesiones provocadas por las puyas durante la lidia.

En 1975, el veterinario don José María Romero Escacena, escribía: "hay que evitar la causa primordial de las caídas del toro de lidia, que no es otra que ese inadecuado uso de la puya que tanto se viene prodigando hoy.

Evidentemente su afirmación no es muy adecuada viniendo de un profesional que debería velar por el bienestar animal, ya que: "la única manera de evitar las caídas de un toro de lidia en una plaza, sería acabando con la Tauromaquia". Pero mientras llega ese momento, que llegará, sigo recopilando textos y comentarios que mantienen en plena vigencia lo que la asociación a la que pertenezco, AVAT, y yo, sostenemos para callar las voces de algunos compañeros de profesión que deberían hacer una profunda reflexión en sus conciencias, y alinearse en las filas de la razón científica.




El resto del texto que voy a reproducir a continuación es del mismo autor, y está publicado en el libro editado por el Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Sevilla, con el título: "Tres ciclos sobre el toro de lidia", en el año 1975. Os aseguro que pese a la fecha en que fue publicado, no ha perdido vigencia, y que corrobora aún más, si cabe, todo lo que llevo manteniendo en los más de tres años que han pasado desde que me enrolé en el movimiento por la abolición de la Tauromaquia. 

Dice don José:

"Estamos de acuerdo en que es necesario equilibrar la lucha y para ello hay que restarle poderío al toro para ejecutar la suerte con menos riesgo. Se hace pues necesario producir a las reses determinadas lesiones técnicamente estudiadas, para producir pequeñas hemorragias que descongestionarán el estado de excitación provocado por la excesiva gimnasia funcional desarrollada por el animal en los 15 o 20 minutos que aproxidamante dura la lidia".

"Aparte de los casos que he presenciado de inutilización, parcial o total, de los toros que fueron víctima del primer puyazo, pudiera acumular un sin fin de casos registrados por otros tratadistas, por lo que huelga insistir en ellos".

"Todos los tratados de Tauromaquia nos dicen bien claro que el puyazo ha de localizarse en el morrillo, pero: ¿qué es el morrillo?"


El morrillo es la amplia masa muscular que podéis ver en la imagen superior, y que nada tiene que ver con la zona en la que surge la hemorragía que podéis ver en la siguiente fotografía en que dicha zona está intacta:

 
"El morrillo del toro es la región carnosa o muscular, muy voluminosa, comprendida entre la nuca y la cruz, y ocupa en toda su longitud, el borde superior del cuello o cerviz, por lo que también recibe el nombre de cerviguillo. Al colocar la garrocha en todo lo alto del morrillo se puede cargar la suerte, sin miedo a lesionar ningún órgano ni grandes vasos sanguíneos. De esta forma, el toro ha sufrido el castigo sin deterioro orgánico que le incapacite para continuar la pelea, puesto que la puya ha lesionado tan sólo el músculo trapecio, músculo grueso, potente, irrigado, como todos los músculos, por ramificaciones de vasos sanguíneos que producen pequeñas hemorragias, que más bien le favorece. Ahora bien: ¿cuántos matadores actuales serían capaces de lidiar toros en las condiciones de aplomo perfecto resultantes de una suerte de varas según las normas clásicas? Quizás pudiésemos contarlos con los dedos de una sola mano, y aún nos sobrarían algunos".



"¿Quién sale beneficiado de que la suerte de varas se realice incorrectamente? Los de siempre: la Empresa, los toreros y los apoderados. Luego, se hará responsables a los ganaderos de las carencias de los toros, cuando éstas sean resultantes, bien de las exigencias caprichosas de unos o de los castigos excesivos producidos antes y durante la lidia por personal ajeno a sus servicios. Un toro bravo, bravísimo, si lo castigan en exceso en la suerte de varas como se practica hoy esta suerte, puede quedar tan agotado con un solo puyazo que automaticamente perderá toda su bravura".

 En referencia a la nueva puya que se acababa de aprobar, y que es la que se utiliza actualmente, decía Don José:


 "Durante las corridas, la cruceta (tope situado a 8.5 cm de la punta de la puya) penetra más de una vez en el cuerpo del toro. Los toros siguen siendo víctimas del primer puyazo, lo que demuestra claramente que las heridas que produce el nuevo modelo de puya son tan agotadoras como las que producían las puyas de arandela (nº 2) (la puya de arandela, que se encontraba situada detrás del encordado, fue aprobada en 1971, y se deja de usar justo cuando se publica este libro, es decir, en 1975). En este mismo texto se reconoce que con los modelos anteriores de puya ( nº 1), en que no había tope, se llegaba a introducir en el toro hasta el palo de la garrocha. La puya utilizada era la de limoncillo, con modificaciones fraudulentas).


"Hace tiempo que no he visto picar, ni por casualidad, en el morrillo, lo que me hace sospechar que los picadores consideran que esta región la tiene el toro como un adorno inútil. El morrillo no tiene ninguna relación con la cruz del toro, ni con su lomo, ni con sus paletillas, que son las zonas que hoy se lesionan con las puyas, y sin embargo, aún existen, no ya aficionados, sino auténticos críticos que confunden estas regiones".


"Conforme se encuentran distribuidos los órganos torácicos, se ve lo fácil que es lesionar el pulmón, a poco que profundice la garrocha, si logra salvar el espacio intercostal. Cualquier lesión producida en ellos durante la lidia, podrá dar lugar a un derrame interno. Las lesiones pulmonares, generalmente producen la muerte en plazos más o menos breves, pero no es sólo la lesión producida la que acarrea la muerte, sino el cansancio, la fatiga, y el agotamiento físico que se desprenden de ellas. Un puyazo de hoy agota más al toro que cuatro o cinco que se realizaran en el morrillo. Un puyazo actual es suficiente para que el toro pierda en él  su poderío y su bravura".

"La única verdad sobre el tema que nos ocupa es que el castigo excesivo en la suerte de varas produce en el toro hemorragias abundantes, las cuales llevan consigo una gran pérdida de glóbulos rojos, con lo que disminuye ostensiblemente la oxigenación de los tejidos, y en consecuencia aumenta el acumulo de gas carbónico, que dificulta la respiración y va provocando la muerte del animal por asfixia.




"Cuando el toro abre la boca (hoy muy corriente desde el primer puyazo) indica que el castigo recibido fue excesivo: el abrir la boca es un síntoma de asfixia. Claro está que ése es el fin que persiguen los matadores: que el toro quede lo antes posible en estado preagónico para poder realizar esas "faenazas" que tanto entusiasman a la "muchedumbre".


"Aunque es muy difícil apreciar desde el tendido, incluso desde la barrera, los síntomas de agotamiento producidos por las hemorragias continúas, sin embargo, las consecuencias inmediatas sí que las notamos facilmente. Después de un puyazo, de los de ahora, observamos que el toro sale de la suerte completamente exangue, indiferente a todo lo que ocurre a su alrededor. Si pudiésemos reconocerlo de cerca, notaríamos una gran palidez de mucosas; en la conjuntiva, la visión se manifiesta torpe; el ojo pierde brillo; en una palabra, la sensibilidad se oscurece"

"Los pulmones, por su volumen ocupan la mayor parte de la cavidad torácica; por tanto, a poco que la garrocha penetre en esta cavidad, producirá una lesión aniquiladora en extremo. Una lesión de parénquima pulmonar con rotura de vasos provocará una hemorragía interna localizada en la cavidad pleural, lo que podrá conducir a una muerte lenta. Esta es una de las causas de las causas de las caídas de los toros".


"Pero los toros no sólo se caen por este motivo. He aquí, la razón: La puya perfora la piel y músculos superficiales de la región elegida por el picador (que nunca, ni por casualidad es el morrillo). Esto es más que suficiente para provocar un magullamiento de los músculos lesionados, con la consabida rotura de los vasos sanguíneos encargados del riego de tales músculos. La sangre fluye al exterior, dando lugar a una gran pérdida de glóbulos rojos, por una parte, y por otra, la sangre que no sale al exterior busca nuevos cauces dentro del propio tejido lesionado y los adyacentes, infiltrándose en ellos. Por regla general, los puyazos actuales se localizan en el dorso y lomo del toro, siempre bastante traseros, y cuanto más trasero, llega la sangre con más prontitud a los cuerpos de las vértebras alcanzadas por la puya; entonces la infiltración se verifica con facilidad a través de las articulaciones intervertebrales, invadiendo el conducto medular, con la inevitable compresión de la médula, que, irremisiblemente, produce una parálisis parcial o total, según la cantidad de sangre infiltrada en el conducto medular".




"La puya puede penetrar en el cuerpo del toro con más o menos oblicuidad. Si entra por todo lo alto de las agujas, o sea, la parte más alta de esta región, perfora lógicamente piel, el músculo trapecio y el romboides, y siguiendo una oblicuidad opuesta a la de las apófisis espinosas de las vértebras dorsales, según sea la penetración más o menos profunda, lacera los tejidos que encuentra en su camino. Podemos además decir sin temor a equivocarnos que la pica alcanza muchas veces un espacio intercostal lesionando el pulmón correspondiente al lado por el que entró. Sólo con que penetre hasta la cruceta es suficiente para lesionar, además de los músculos superficiales, los músculos dorsal, ancho, y multífido dorsal, que se encuentran relacionados con las apófisis transversas de las vértebras dorsales, que por lo tanto van a ser facilmente lesionables por la puya, puesto que éstas llegan casi siempre a los cuerpos de las vértebras dorsales. Regados estos músculos por la arteria dorsal, el primero, y por las intercostales ambos, e inervados por las ramas dorsales de los nervios torácicos, al ser lesionados los citados músculos por la puya, son destruidas las ramificaciones sanguíneas que los riegan, y la sangre se extiende en la forma ya descrita, infiltrándose por al conducto medular.



Si quieres seguir leyendo, y te quieres acercar a la anatomía de un toro de lidia, aquí dejo unos cuantos apuntes:

"En lo que se conoce como tercio anterior del toro se encuentran la cabeza, el cuello, y la parte anterior del tórax, con las extremidades anteriores o torácicas adosadas a ambos lados".

"Así, pues, perforada por la puya la piel que recubre el morrillo, el primer músculo que se lesiona es el que recibe el nombre de "trapecio", músculo grueso y ancho que tiene su origen en el ligamento de la nuca y en el supraespinoso, desde la primera vértebra cervical (atlas) hasta la décima vértebra dorsal o torácica, descendiendo por ambos lados de la espalda para terminar en la espina de la escápula, formando la envoltura muscular del borde superior del tercio anterior del tórax, protegiendo a su vez todo el borde superior del cuello, morrillo, así como las agujas, prolongándose posteriormente hasta la región dorsal. Lateralmente se extiende, en forma triangular por ambos lados, para insertarse en los bordes de ambas escápulas. Actúa como elevador del hombro, dirigiendo las escápulas hacia delante y arriba, y hacia atrás, y arriba".

"Desprovisto el morrillo del músculo trapecio, aparece una segunda capa muscular formada por el "romboides", que protege parte del ligamento cervical, en el que tiene su origen, yendo desde la segunda vértebra cervical (axis) hasta la octava vértebra dorsal o torácica, y se inserta en la cara interna de la escápula, actuando conjuntamente con el trapecio para reforzar la mecánica interna".

"Separado el músculo romboides, encontramos el gran ligamento cervical, en el que se insertan también otros músculos del cuello, además de los ya descritos trapecio y romboides. El gran ligamento cervical presenta tres porciones perfectamente definidas. Estas son "porción funicular", "porción ancha" y "porción laminar", desde su inserción occipital en la nuca, hasta alcanzar las extremidades libres de las apófisis espinosas de las vértebras dorsales".

"Dada la importancia anatómica de los órganos alojados en la cavidad torácica, merece un estudio algo más detenido, puesto que son lesionados con frecuencia por la puya. El armazón óseo de la caja torácica se halla limitado, superiormente por las superficies ventrales o inferiores de los cuerpos de las trece vértebras dorsales o torácicas; inferiormente por el esternón, y lateralmente por las trece costillas de cada lado. Los músculos intercostales son los encargados de cubrir los espacios entre vértebras, reforzados por otros músculos".

"La base anterior de la cavidad torácica queda libre para dar paso, de fuera a dentro, a la tráquea y el esófago, y de dentro a fuera, a los grandes troncos sanguíneos de la arteria aorta y la vena cava en posición anterior. La base posterior del tórax se halla obturada, oblicuamente, por el diafragma.

"De todos los órganos torácicos, el más facilmente lesionable por la puya, y que no debería serlo, es el pulmón (derecho o izquierdo según el lado por donde entre la pica)"

Los pulmones son desiguales; el derecho es mayor que el izquierdo y suele pesar la mitad más que éste. Ambos se encuentran divididos en lóbulos por profundas cisuras interlobulares. El pulmón izquierdo se divide en tres lóbulos, cuyos nombres de adelante atrás son: "apìcal", "cardiaco" y "diafragmático". El pulmón derecho se divide en cuatro lóbulos, uno más que el izquierdo; el lóbulo intermedio se sitúa entre el cardiaco y el diafragmático. El lóbulo apical del izquierdo es mucho mayor que el del derecho".



"El mediastino es un tabique longitudinal que va de arriba a abajo en la cavidad torácica, y la divide en dos cámaras laterales, revestida cada una de ellas por una membrana serosa llamada pleura, por lo que recibe el nombre del cavidad pleural".



















7/2/11

SOBRE LA VISIÓN EN EL TORO DE LIDIA




Apuntes sobre la capacidad de visión del toro de lidia. ("Fundamentos anatomo-funcionales de la visión en el Toro de Lidia). Prof Dr. R. Martín Roldán. Catedrático de Anatomía de la Univesidad de Madrid. 1976.

En la retina del toro de lidia se aprecia el poco desarrollo de los conos, y el incremento de bastones.
En cuanto al aparato motor del globo ocular, el músculo recto posterior está dividido en cuatro fascículos musculares muy desarrollados, lo que facilita la gran movilidad que presenta, que le permite "incluso girar sobre si mismo".

Se trata de un animal hipermétrope, con una deficiente visión en cercanías y una visión normal a distancia. Se sospecha que el toro de lidia padece de astigmatismo.

De todos es sabido que si un individuo ha permanecido encerrado en una semioscuridad, como ocurre en el toro de lidia antes de salir al ruedo, creemos que en el momento de la salida del toríl el animal presenta el máximo de agudeza visual.

Hemos determinado el ángulo visual de cada uno de los ojos del toro de lidia de una manera gráfica, llegando a la conclusión de que es de 135 grados aproxidamente.

"La percepción de los colores depende de la intensidad de la proporción de color simple o monocromático emitido por un objeto coloreado y recibido por la retina del sujeto, además de la distancia que media entre el objeto y el ojo, ya que las iluminaciones son directamente proporcionales a sus intensidades e inversamente proporcionales a los cuadrados de las distancias que las separan de la superficie iluminada".

Sabemos que corresponde a los conos la percepción de los colores. Si el examen de la retina del toro de lidia nos demostró que este animal tiene poco desarrollada la zona de los conos, abundando no obstante los bastones, nos cabe pensar que la percepción cromática del toro no sea igual a la de otros mamíferos. Nuestra opinión es, que el toro de lidia no matiza la diversidad de colores y tonalidades y que ataca al engaño del trapo por la percepción retiniana de los excitantes cromáticos, que como sabemos se catalogan en dos grupos: rojo, naranja y amarillo, que incitan a la acción, y azul, verde y violeta, que son tonos reposantes.

Creeemos que en el toro de lidia existe una mala percepción de los colores y una falta de matización de las tonalidades, y ceguera para algunos colores.

El toro presenta un area de ceguera posterior de con ángulo de 108 grados a 110 grados.

El campo de visión uniocular queda reducido a 115 grados para cada ojo.

El campo de visión binocular, en horizontal, es de 20 grados, y en vertical hacía el suelo es de 60 grados.

Podemos decir que su visión uniocular es amplia, pero no lo es la binocular.

El cono de ceguera anterior tiene una longitud, en horizontal de 90 a 125 cm, y en vertical hacía el suelo de 60 grados.


Como consecuencia del entrecruzamiento de los ángulos de visión queda una zona de forma cónica y de base frontal, existente inmediatamente delante del animal, que es de ceguera absoluta.

El eje de simetría de esta zona cónica, tiene una longitud que oscila entre 95 y 125 cm. En cuanto a esta apreciación, el doctor Anas, valora esta distancia en tres metros.

Estos datos que se aportan se han obtenido en condiciones normales, pero: ¿se mantiene esta visión durante toda la lidia? Indudablemente que no; forzosamente los avatares de la lidia tienen que ir disminuyendo las percepciones visuales.

Los factores que van a hacer que el toro disminuya su capacidad de visión son: la luminosidad (las corridas tienen lugar en la época más luminosa del año). Los estímulos más eficaces representados por el movimiento y los excitantes cromáticos de mayor contraste. "El toro ataca unicamente cuando estas excitaciones alcanzan los centros nerviosos y se transforman en sensaciones de fatiga y nerviosidad que se caracterizan por una acción explosiva inadecuada al excitante (Laffite)" Efectivamente existe una fuerza hipnótica que el torero debe conseguir de su enemigo con trabajo y tenacidad. "El hombre inmoviliza la atención del toro manteniéndola fija por un fuerte estímulo (Laffite)". El animal, bajo este estado de semiinconsciencia sufre en la última parte de la lidia una gran disminución de su visión normal motivada por una constante fijación de la mirada, producida por pases rápidos delante de su cara, gran fatiga muscular y un intenso dolor producido por las puyas y las banderillas. Sus músculos mantenidos en constante movimiento le producen un agotamiento nervioso.

Las cosas atraen e impresionan mucho más los sentidos cuando están en movimiento: en visión uniocular la distancia del objeto no se precisa con exactitud. Esta puede ser la causa de que normalmente el torero, muy cerca del toro, en el centro del ángulo de visión uniocular, ante un ojo hipermétrope, con imágenes cercanas confusas, inmóvil, alargue el brazo y ponga en movimento la muleta en el ojo opuesto del animal, consiguiendo de esta forma que éste sólo aprecie el movimiento del engaño, haga por él y al mismo tiempo tenga salida.

Teniendo en cuenta que el encéfalo y los centros nerviosos en general, necesitan una constante sanguínea de presión y volumen, y que durante los estados de somnolencia, hipnosis e intensa fatiga muscular, se produce una vasoconstricción de estos centros nerviosos, pensamos que la visión del toro al final del la lidia se verá considerablemente disminuida hasta el punto de que el animal ni siquiera aprecie la morfología de los objetos y mucho menos su localización.

Por tanto, los excitantes intensos de luminosidad, movimiento, dolor, hiponosis e isquemia cerebral, producen una disminución de su visión normal durante la lidia.

Publicado en el libro "Tres ciclos sobre el toro de lidia", editado por el Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios de Sevilla.






















19/1/11

Una tarde de toros: la barbarie ibérica

Reproduzco un artículo publicado por Rafael Narbona en su blog "INTO DE WILD". Me ha dejado sin palabras:

... "El toro agitó las patas exteriorizando un sufrimiento espantoso. Gracias a unos prismáticos, pude contemplar su mirada extraviada, donde se apreciaba un dolor nada mitológico. El dolor parecía cercano, insoportablemente cercano. El dolor de una criatura incapaz de plantearse el sentido de la vida, pero capaz de experimentar miedo, angustia, desamparo"...

15/1/11

POEMA

Del Blog "El espejo roto de Alicia".
 
(LA MUERTE VIOLENTA ES NEGRO NOCHE)


Muerte que te veo muerte
con tu traje de luces engalanada,
muerte que te veo muerte
con el capote ocultando la espada.
Donde luce azul y oro
sangre negra y oscura noche,
en tus cuencas vacías,
se asoma tu abismo sin retorno.
Ningún humano viere
muerte así de oro vestida,
ni tanta sangre y tanta saña,
tanto dolor,
ni tanta carne desgarrada.
Porque tú, humano, morirás en la cama,
tu mano sostenida en la de quién te ama,
viendo en sus ojos lágrimas
antes de perderte en tu nada.
Yo, me ahogaré en mi sangre
sintiendo vuestra música,
y en la plaza griterío y risas
caído en la arena
con una espada atravesada.
Muerte que te veo muerte,
con tu traje de luces engalanada,
resplandeces de azul y oro,
mientras voy dejando tras de mi,
mi sangre y mi vómito en la arena,
por la que dos mulas me arrastran.
Muerte que te veo muerte
de oro y luces engalanada
sintiendo como me cortan las orejas
en tanto que veo tu podredumbre agusanada
que aunque cubierta de un traje de luces
es inútil, cruel, violencia humana.
Así muero yo todos los días
en alguna plaza,
muerte que te veo muerte
de luces engalanada.
                                 

23/12/10

Confesiones de un taurino

 

  En los últimos días he mantenido un intenso debate con un aficionado a la tauromaquia. Todo empezó a través de unos comentarios que fueron recogidos en mi otro blog, y  ha continuado con algunos correos electrónicos que hemos intercambiado. Lo que comenzó por su parte con un rosario de insultos y descalificaciones, se ha transformado en un interesante intercambio de opiniones. El porqué la discusión ha tenido un cambio radical, con un amable intercambio de puntos de vista sobre lo que es para cada uno el mundo del toro, y de lo que es la lidia como máxima expresión en forma de tortura a un cavicornio, es lo de menos.

  Ya he comentado en algunas ocasiones, que aprendo mucho de los que están en el bando contrario, de los taurinos; unos te aportan más, otros menos, pero siempre hay algún apunte útil para utilizar a favor de nuestra causa.

  A través de la sinceridad de este aficionado, se destapa lo que hay detrás de una corrida de toros. Para él, que reconoce lo que es obvio, la lidia provoca una serie de sensaciones que son las que le hacen defender lo que no tiene defensa posible: la justificación de una manifestación cruel y cruenta para la obtención de una vivencia que califica como espiritual.

  Afortunadamente no ha caído en el uso de los tópicos que todos estamos acostumbrados a oír, y se ha centrado en aportar su visión de lo que es un toro, de lo que es torero, de lo que es un encaste, y de lo que es el comportamiento de un animal ante situaciones límite como son la lidia o la defensa de su territorio. No ha sacado a colación en su argumentación la manera de alimentarnos, la humanización de los animales, el especismo o el antiespecismo,  lo doméstico o lo salvaje. Afortunadamente no ha metido a las langostas en la cazuela, o las almejas vivas rociadas con gotas de limón en la boca de nadie; no me ha hablado del sufrimiento de los animales en los mataderos, y nada ha comentado de las granjas y explotaciones en que los seres vivos sufren en condiciones deprorables, y reprobables.

  Éstas son algunas de las frases que ha plasmado en sus escritos:

  "Al toro se le maltrata, es una obviedad tan grande, que no ha lugar ese debate, al menos no conmigo".

  "Jamás aseveraré que al toro no se le tortura ¿cómo lo iba a sustentar? Al toro lo criamos como a un Rey, y lo matamos como a un tirano..."

  "¿Sabes? muchas veces me he replanteado si el placer que me produce una buena tanda de muletazos, sí esos bajando la mano y llevando al toro muy largo, un toro fiero, encastado y de los que a mí siempre me gustaron, los Santacolomas Saltillo... merecen tanta sangre como la que hay que tragar...  la respuesta no hace falta que te la diga, de sobra la conoces...

  "La integridad no es un adjetivo que brille en la tauromaquia, desgraciadamente".

  "Tu artículo de Gara, aunque superficial por la poca extensión, está muy bien planteado. En algunos pasajes, parece que lo escribió un buen aficionado, un aficionado “torista”, entre los que me encuentro..."

  "La tauromaquia, creo yo, no necesita de vuestro movimiento para perecer. Caerá por sí sola sin dudarlo. Ahora, sinceramente, lo que está recibiendo es aire. Le estáis dando un soplo de vida a un muerto que estaba agonizante, esa es mi opinión"

  "Éticamente es insostenible en los tiempos que corren, pero amigo, hay demasiada magia, demasiado duende, demasiados sonidos negros que decía Lorca... estamos tan apegados a esto..."

  "Ver a un torero de los de verdad, los que dan ventaja al toro y se la juegan... joder!! Y ver a un toro de Santacolama duro, recio, encastado y rebosante de bravura... es lo único digno que hay en una corrida... ese animal... los he visto morir atravesados por el estoque y buscando al matador con la única intención de matar... "

  "Un toro encastado, un toro bravo, no cede ante ningún tipo de castigo... y combate con dureza hasta morir... Para mí no es una cuestión de defensa, si no de dominio"

  ..."pero claro, es cierto 100% lo que tú dices, ni el toro y mucho menos el seudo toro, están seleccionados para semejante castigo... la lidia debería modificarse sí o sí... pero hay demasiados intereses"

  "¿Iban los toreritos del Hola a matar una corrida de verdad y con la verdad en los pitones? Ja! Y la “fiesta”, ese nombre me chirría en los oídos, está acabada, por representar un teatro casi ficticio... es puro paripé, casi siempre... porque la entidad, el Dios Tauro, ya no viene a las corridas... ya no quedan toreros con verdad, no hay nada más que trucos y engaños... esto es una farsa tremenda la mayoría de las veces, y los más “antitaurinos”, ahora mismo somos los taurinos del toro".

  "¿Quién, siendo una persona de bien quiere y tiene la necesidad de ver a un animal manso, que se duele, que huye y se aterroriza, ser masacrado vilmente por una panda de sinvergüenzas abusadores?

  "Al toro de lidia le afecta mucho el tiempo, la meteorología, con tormentas se vuelven muy agresivos, se cornean entre ellos hasta matarse...
Orgullo es una palabra humana, pero los toros, parece que sienten orgullo de saberse tan potentes... Dominantes, son animales muy muy dominantes... unos más nobles que otros, algunos miran con fijeza, se "engalanan"... y ya sabes que ni un paso más... Otros te dejan que te confíes, son más traicioneros, esos no dejan que te escapes"


  "Llevo años estudiando el comportamiento del toro bravo, del TORO bravo y, de verdad puedo asegurar, que un toro bravo bien lidiado en los tercios de castigo, varas y banderillas, sí puede aguantar la lidia, hablo de no taladrarle con la puya, hablo de sujetar sin percutir, y picar en lo alto, sin romper paletillas y todo lo que tú ya conoces... MASACRAR en el caballo, que es lo que se hace más que a menudo, encima, a un toro que el pseudo toro... hablo de clavar banderillas en el "morrillo" como se deben clavar"

  "¿Sabías que los toros muy encastados a veces hacen clanes para derrotar al toro alfa, al líder, a veces se unen varios y matan o tratan de matar al líder... hay ganaderías concretas con casi un 50% de “bajas” por cornadas".

  De todo lo apuntado, lo que más me interesa es la explicación que da sobre determinadas aptitudes y actitudes que muestra el toro durante la lidia, introduciendo conceptos como los de su "bravura" o de su "mansedumbre".

 ¿Es capaz el toro de lidia, "herido en su orgullo", de buscar al torero con la única intención de matarlo? ¿Es capaz el toro de lidia de combatir con dureza hasta morir para establecer su dominio en la arena de un coso taurino? ¿Es capaz el toro de lidia de desarrollar su instinto natural de dominancia sobre una especie diferente a la suya?

¿Podemos pensar que en un corto espacio de tiempo, el que dura la lidia, el toro puede sentir la necesidad de demostrar su supremacía teniendo en cuenta que la jerarquización en cualquier especie animal que establezca su modelo de convivencia en base a ella, requiere de mucho tiempo de aprendizaje para que alguno de sus miembros se plantee el asalto al poder de una manada?

  ¿Podemos establecer que las respuestas del toro ante los estímulos que perciben sus sentidos, y que tienen su máxima expresión en el sufrimiento y el dolor que se le provoca, son similares a los que puede desarrollar en compañía de los de su misma especie en el territorio que habita?

  Creo que es evidente que no. Y no lo es, porque no creo que un herbívoro, ante un ambiente hostil y en un medio que le provoca miedo y con el jamás ha tenido contacto previo, esté interesado lo más mínimo en hacerse dueño de la situación, en establecer un status jerárquico ante un grupo humano formado por los toreros y sus subalternos. Lo que el toro hace durante la lidia es defenderse ante estímulos aversivos con un fin diferente al que podría darse cuando inicia y lleva a cabo un ataque contra otro toro en el medio en que vive, en su hábitat natural, e incluso hacia un ser humano que entra en su territorio invadiendo los límites establecidos como zona de escapatoria o huida, de los carece en una plaza.

  No creo que un toro de lidia sea capaz de procesar la información necesaria para desarrollar un instinto "asesino" hacía una especie diferente de la suya, tomando como válida la apreciación de que en determinados encastes haya toros que sean capaces de unir sus fuerzas para acabar con un macho dominante, cosa que, aún pudiendo ser cierta, me crea la duda de si realmente se persigue la muerte del macho alfa o simplemente se trata de rebajarle en su posición dentro la manada. Sabemos que en la naturaleza es bastante infrecuente, aunque se de, que los cambios en la jerarquía dentro de un grupo social supongan la muerte del animal rebajado en su status.

  Acababa de escribir lo que habéis leído, cuando he recibido una nueva aportación de mi interlocutor:

  Lo que yo creo, es que el toro tiene una necesidad imperiosa de combatir. Esa es su idiosincrasia, son animales muy agresivos, incluso en la tranquilidad de la manada, en la dehesa, se desencadenan crudas peleas.

  Para mí, el toro tiene esa necesidad de marcar a sus congéneres en el juego de la lucha por la jerarquía y el sometimiento por la dominación...  

  Cuando en algunas reatas el individuo dominante se pone a dar “estopa” le da hasta a las vacas... ¿?
El bravo parece sufrir como una ansiedad que sólo se apacigua dándole espacio... a veces el simple movimiento de las ramas los altera, no hace falta más, o una Garcilla bueyera mal posada... un Cárabo que ulule demasiado cerca... los he visto embestir a las Garcillas ¡! Y también los he visto cornear con violencia alcornoques tras una pelea ¿rabia, ira, violencia, exhibición? ¿es curioso no? 


  La dominación se la gana el bravo a través del combate o mediante exhibiciones de poder, es maravilloso ver a un “galán” pavonearse... es muy bonito, pero da mucho miedo, es un gran despliegue de poder... 

  El espacio del toro, no puede ser ocupado por nada ni nadie... donde un toro bravo pone su pezuña, es ya reino del toro... y de nadie más. Eso es lo que yo percibo... y estoy plenamente convencido de ello.

  Salvo por el último párrafo, parece que mi interpretación se podría corresponder con la realidad -un animal de manada que establece un status jerárquico-, es decir, que se ajustaría al modelo de comportamiento que se espera de estos animales; pero volvemos al ruedo, a ese espacio reducido y desconocido, en el que el toro es introducido en contra de su voluntad, y en el que nada mas salir es masacrado por el picador y los banderilleros, para posteriormente ser engañado una y otra vez con la muleta, hasta que agotado sucumbe traspasado por el estoque, y es denervado o descordado por el descabello y la puntilla, y a veces antes. ¿Podemos pensar que esta situación artificial pero real e inesperada, que de repente aparece en la vida del animal sin aprendizaje previo, se puede considerar idéntica o como mínimo parecida a las que experimenta en su estado natural, de tal manera que el toro pusiera en marcha o desarrollase comportamientos similares a los que pone en escena en la dehesa o en la explotación en la que vive? Siendo sincero, me parece que tal hipótesis es imposible...

  Admitamos que el toro combate, sí, lo hace, pero su fin no es establecer su supremacía frente al que le acosa, hiere, y burla, sino defender su vida, la que siente que se le escapa a medida que la lidia transcurre y ante la que siempre sucumbe. Sobre el indulto mejor no decir nada.

17/12/10

Filmación de una corrida en los primeros años del siglo XX.



 Filmación de una corrida de toros a principios del siglo XX.

 "Los de a caballo se han retirado, en ocasiones a pie, como podremos comprobar por las cabalgaduras muertas."

  Un poco de historia (copiada del blog "Opinión y Toros").

 
El peto.Bueno para la protección del caballo, su uso indebido marcó el inicio de la degeneración de la suerte de varas.

Quien lea una crónica de antaño no podrá dejar de sorprenderse del número elevado de puyazos y caballos muertos en cada corrida. Tomemos como ejemplo la tercera de abono realizada en Madrid en 1889 en la que actuaron Francisco Arjona Currito, Salvador Sánchez Frascuelo y Ángel Pastor frente a un bravo encierro de seis toros de Agustín Solís que tomó en total 48 varas y mató 20 caballos; de los toros destacó Jaquetón que tomó nueve varas y mató seis caballos. La verdad es que muchos de los puyazos de entonces no pasaban de ser picotazos o simples amagos pues picar al toro sobre un caballo a pecho descubierto, sin peto, y con una pica en la que la púa de acero apenas asomaba del tope conformado de un grueso encordelado en forma de limoncillo o esfera, era sumamente difícil porque, debiendo el picador tirar la vara para parar al toro antes que llegara a su cabalgadura, muchas veces la bola del encordelado pegaba en el animal sin que la puya hubiese entrado en el morrillo y la cogida del caballo era inevitable.
En el primer reglamento del que se tiene noticia, elaborado en 1846 por Melchor Ordóñez, jefe político de Málaga, se establece, entre otras cosas, que el toro no tenga menos de cinco años cumplidos ni más de ocho y que la cuadra de caballos para picar sea de 40 ejemplares. Como se ve, los toros eran cinqueños y no sobraba optimismo con respecto a la suerte de los jamelgos que habrían de participar en la suerte de varas. El desagradable espectáculo que significaba ver los caballos muertos en el ruedo, en medio de charcos de sangre con las verdosas vísceras expuestas al público, dio motivo para que en el reglamento de 1917 se obligara a que tales cadáveres fuesen cubiertos con tela de arpillera.
  
La preocupación por la integridad de los caballos se hace manifiesta desde fines del siglo XIX y en 1909 un grupo de cronistas taurinos propuso al gobernador de Madrid se les colocasen petos a las cabalgaduras que habrían de actuar en las corridas a celebrarse con motivo de las bodas del rey don Alfonso XIII; ignoro si se hizo o no y si aquello funcionó. El 18 de octubre de 1917 se probó un peto en Madrid que no dio buen resultado. En 1928, por Real Orden, se hace obligatorio el uso del peto en plazas de primera y potestativo en todas las demás. Pido disculpas al lector por señalar tantas fechas relacionadas con los ensayos y fracasos para la implantación del peto pero el hecho que naciera oficialmente catorce años después -y no antes- del reglamento de 1917, fue fatal para la suerte de varas y la fiesta, como lo veremos en otro momento

El noble propósito de proteger al caballo con el peto es plausible y su uso no debería haber variado la forma de picar como lo establecen los cánones de la tauromaquia, sin embargo, la realidad fue diferente. El picador lo usó como una ventaja adicional a la que ya tenía con la malhadada puya del reglamento de 1917 que le permitió hacer heridas cuatro veces más profundas que las que jamás pudo hacer con la pica de limoncillo.

Los primeros petos se ajustaban al cuerpo del caballo y le cubrían sólo sus partes vitales lo que permitía al toro que lo alcanzara romanear (levantarlo) y sentir la sensación que podía ganar la pelea. Cuando se le agregó el faldón que hasta hoy se usa –un verdadero colchón que rodea y cubre al caballo con una coraza que llega a 65 centímetros del suelo y lo convierte en una muralla- cualquier intención de romaneo es imposible y la res,  después del primer encontronazo, sale conmocionada doblando las manos.
Si el peto se usara con el único noble propósito de evitar la cogida y muerte del caballo en caso de accidente o impericia del picador, sería perfecto. Pero no es así. Salvo honrosas y meritorias excepciones, lo normal es que el picador deje destroncarse al toro contra la cabalgadura para desde lo alto de su ubicación picarlo según  se lo haya indicado su matador al que sirve y debe obediencia.
Conclusión:Aplauda usted amigo lector al picador que con la vara detiene al toro sin permitirle llegar al peto de su caballo y pite a quien lo deja estrellarse contra su cabalgadura. La pelea del toro es con el picador, no con el caballo blindado que monta.

3/12/10

"Argumentos taurinos", y descalificaciones personales.

 

Ayer, y siguiendo con el tema de la tuberculosis en el toro de lidia, entré en un blog taurino, en donde se comentaba la noticia de una nueva explotación en la que se ha llevado a cabo el vacío sanitario, es decir el sacrificio de todas las reses por la presencia de la enfermedad infecciosa mencionada.

  Sin más intención que la de informar, y en un tono correcto, les expliqué mi visión de la situación. La respuesta ha sido la esperada: insultos.

  Tengo la certeza  de que estos amantes de la tauromaquia no saben de lo que hablan, y que cuando se les agotan los argumentos, recurren a las descalificaciones. No es mi intención generalizar, ya que conozco a muchos aficionados a la lidia que saben escuchar y aportar.

  Cuando alguien no sabe distinguir entre lo que es la tuberculina (prueba que se hace para diagnosticar la tuberculosis), y la tuberculosis (nombre de la enfermedad), queda descalificado para seguir debatiendo.

  Cuando alguien no sabe lo que es un animal domesticado (toro de lidia), y un animal salvaje (lince), queda descalificado para seguir debatiendo.

  Cuando alguien no sabe distinguir entre lo que es una "especie" y una "raza", queda descalificado para seguir debatiendo.

  Cuando alguien niega que existe la posibilidad de contagio de la tuberculosis entre ganado bovino y la especie humana, aunque la incidencia actual de esta forma de transmisión sea mínima, queda descalificado para seguir debatiendo.

  Cuando alguien no sabe o no quiere saber, que las campañas de saneamiento ganadero en cuanto a las zoonosis, enfermedades que se transmiten de los animales al hombre, no se realizan sólo para preservar la salud de nuestra especie, sino de todos los animales que pueden verse afectados, incluidos los propios toros de lidia, queda descalificado para seguir opinando.

  Cuando alguien no sabe que un animal que llega a un matadero, y que tras el análisis post-mortem se descubre que está enfermo de tuberculosis, su carne sólo puede ser comercializada bajo determinadas condiciones, queda descalificado para seguir debatiendo. BOE: Resultados de la inspección: si se detecta una lesión tuberculosa de los ganglios de un solo órgano, en un solo órgano o en una parte de la canal, esta parte será declarada como no apta para el consumo humano. Si se detectan múltiples lesiones será declarada no apta la canal entera.

  Cuando alguien se refiere al lince como "puto gato" o al venado como "puto venado", queda descalificado para seguir opinando.

  Cuando alguien pide que sean aniquilados los animales salvajes que forman parte de la fauna de nuestro país, que serán irrepetibles, queda descalificado para seguir opinando. Queridos taurinos: el toro de lidia, se podría volver a crear sin ningún  tipo de problema, el lince ibérico, no. Lo de los encastes ya es otro cantar, pero el pertenecer a unos u otros, no exime a esos animales de enfermar, morir, y transmitir la enfermedad de la que estamos hablando.

  Cuando alguien se refiere a mi como "José Enrique de los cojones tan listo como te crees", "niño" (tengo 53 años), prejuzga que tengo poco trabajo atendiendo a "presos de compañía", o me define como "veterinario de la cultura consumista de embusteros panfletarios", o que, "mi testimonialismo es de p... en vinagre" (?), queda descalificado para opinar.

  Lo de referirse al agente causal de la tuberculosis como un "virus" en vez de "bacteria", tiene hasta un pase.

 Negar que las políticas sanitarias están pensadas para ayudar a los ganaderos que han tenido que optar por el vacio sanitario, es suficiente para descalificar al que mantiene dicha afirmación: un ejemplo (La UE destina 250 millones de euros para luchar contra las enfermedades animales).

  Desconocer datos como éste, o como éste, impide saber de lo que se está hablando.

  El  que habla despectivamente de la normativa europea sobre transporte de animales, sean éstos toros de lidia o vacas frisonas, queda descalificado para opinar. No se puede pretender recibir el dinero de Europa o defender la tauromaquia en el mismo Parlamento Europeo, y saltarse a la "torera" sus reglamentos.

  Cuando alguien pretende descalificar mis opiniones por ser un veterinario de pequeños animales, queda descalificado para el debate. Olvidan que la tuberculosis es una enfermedad infecto contagiosa que puede afectar a muchas especies animales, entre ellas los cánidos y félidos. Me otorgo por tanto el derecho de hacerlo, el de descafilicar, ya que ninguno de los que ha opinado es veterinario.

  Si tienes interés en leer lo que ellos y yo hemos aportado al debate, aquí tienes el enlace.

  Y si estás interesado en ampliar tus conocimientos al respecto, aquí tienes información objetiva, y no embustes panfletarios.